Extraterrestres y bípedos decorosamente alienados en Montserrat


Cumbres de Montserrat, Barcelona, día 11 de cualquier mes invernal: se espera una visita extraterrestre entre las 22:00 y la 1:00 de la madrugada. Seremos muchos a pesar del frío. Con un poco de suerte, mañana nos despertaremos con una cicatriz quirúrgica en el cuello y sin recordar nada de lo que haya pasado esta noche

Ya era hora de volver a Montserrat para avistar OVNI’s. La primera vez que estuve, hará como unos diez años, el discurso de un tal Sando cambió mi vida. Por aquel entonces acababa de empezar mi fracasada época universitaria y mi militancia en el marxismo revolucionario. Entonces, sin apenas tener indicios de tan selecta afición, mis amigos de toda la vida me dijeron: “Vente a Montserrat con nosotros, que cada día 11 se reúne gente para ver si aterriza por ahí un platillo volante”. Yo asentí con la cabeza y todo lo demás. Desde siempre he seguido los programas de Jiménez del Oso, las entrevistas a J.J. Benítez y los vídeos caseros de Pedro J. Ramírez, así que no tenía nada que perder, excepto mis esquemas mentales y una visión relativamente racional del mundo.

Una vez en la explanada señalada, cuando Grifols, maestro de ceremonias de todos los allí congregados, terminó su charla, tomó la palabra Sando. Dijo, alzando la voz: “El hombre es un proyecto para ser Dios”. Continuó diciendo, fervorosamente convencido: “Ahora estamos en la tercera dimensión y tenemos que alcanzar la séptima”. Y concluyó, descolocándome por completo: “Cuando lleguemos a la cuarta, vendrá Kryon1”. Definitivamente, aquello no era el típico discurso acerca de la lucha de clases al que me había acostumbrado en la facultad. Todavía no entiendo por qué entonces no me crujió el cerebro, pero de una cosa estoy seguro: si nunca he aprobado la asignatura de Introducción a la lógica, es culpa de Sando, así que le atribuyo todas mis frustraciones como estudiante y como persona.

Después de tantos años sin asistir a esa especie de junta ufológica, algunas cosas han cambiado: estamos dando vueltas y no encontramos la explanada. Nos hemos perdido. Quizás la explanada haya emigrado a otra parte. O ni una cosa ni otra. Cuenta la leyenda que, en los años 80, un coche cruzó un túnel de la montaña y, al salir de él, apareció en Valladolid. Nosotros ya hemos cruzado ese túnel hace tiempo, aunque, debido a la oscuridad, no logro atisbar si aún seguimos en la Península Ibérica o hemos ido a parar al Himalaya. Un coche se detiene delante del nuestro. Su ocupante sale y le pregunta a uno de mis amigos si sabe dónde se reúne “la secta”. Mi amigo le responde que eso mismo es lo que estamos buscando. Acuerdan que bajaremos juntos la carretera hasta encontrar más luces de automóviles.

Monterrat, un enclave privilegiado para el avistamiento de OVNI’s, o no

 
Y así ha sido. Al cabo de cinco minutos conduciendo, los focos de varios autos llaman nuestra atención. Son los coches de la junta ufológica. Al final resulta que no estamos en Valladolid. Aliviados, aparcamos entre los tres o cuatro que hay. Lo primero que veo al salir es que no se ha perdido el estilo de vida dominguero de la congregación: un hombre ha traído mesas, sillas, bombonas de camping gas y hasta un bocadillo. Me dirijo hacia él. Mis amigos me han prestado una de esas linternas para espeleólogos, con una cinta que se ajusta a la cabeza, para poder iluminar la libreta mientras tomo apuntes. Al menos esa es la versión oficial, porque para mis adentros pienso usarla con el único fin de intimidar a la gente. Para que esto se parezca a un interrogatorio.

Mi primer entrevistado, el hombre del bocadillo, Miguel, me dice que lleva yendo a Montserrat desde hace veinte años y que solo ha visto un par de bólidos en el cielo, es decir, estrellas fugaces de gran magnitud. “Esos bólidos iban de abajo arriba, con los trazos invertidos”, afirma. También se lamenta: “En verano es imposible venir aquí porque los jóvenes están de cachondeo y te tiran piedras”. Esto, más que al marxismo, se parece a la Intifada. En todo caso, la queja queda anotada y, por si alguno de estos jóvenes gamberros me lee, aquí mando un mensaje: en Palestina, vuestra afición al menos serviría de algo.

Entretanto, la gente allí reunida se pregunta dónde está Grifols.

Catálogo de OVNI’s

Aclarada la expectación por la inminente llegada del orador principal, me acerco a una joven pareja con el mismo espíritu dominguero que Miguel, pero sin bombona de camping gas. Se llaman Marttia y, curiosamente, Miguel. Ninguno de los dos ha tenido avistamientos. Marttia repiensa eso de “nunca” y dice: “Bueno, una vez sí que vi algo”. “Íbamos unos amigos y yo andando y algo se nos detuvo encima”, asegura. Pero aquello no pasó de un encuentro en la segunda fase. No hubo abducción alienígena, a pesar de que sea uno de los sueños de Miguel. Acto seguido, intercambiamos impresiones acerca de los visitantes extraterrestres. Marttia cree que la Tierra es una especie de museo antropológico para ellos. “Es como si la humanidad fuese su pasado lejano”, dice. Y añade: “Vienen a estudiar los aparatos reproductores de las mujeres”. Una forma muy sutil de decir que son turistas sexuales, algo así como los ricos occidentales que pasan sus vacaciones en Tailandia. Y es que –por poner un ejemplo al azar– si Cuba fue una vez el burdel de los EEUU, ¿por qué no iba a ser la Tierra el de nuestros vecinos intergalácticos? En fin, preguntas que lanzo al aire mientras Grifols no entra en escena.

De improviso, oigo justo detrás de mí una palabra que llama mi atención: Hercólubus2. Me giro bruscamente para seguir la conversación y veo que hay un tipo que sostiene un libro con ese título. Exclamo: “¡Hercólubus, el planeta que nos destruirá a todos!”. El tipo me mira tal y como miraría a una cucaracha a la que aplastar y dice: “Eso es lo que dice el autor de este libro”. Casualmente, el hombre está charlando con un amigo mío. Mejor dicho: está intentándole engatusar la idea de que un planeta colisionará contra el nuestro en breve. Y yo me digo a mí mismo: “Este es mi sitio, de aquí no me muevo”. Poco a poco, voy irritando al hombre, al tiempo que él intenta venderle a mi amigo la idea de la destrucción total del universo. Primero lo chincho con un “no confundas el Planeta X3 con Hercólubus”, luego con un “dame tu nombre que te voy a entrevistar” y, finalmente, con mi mejor arma: apuntarle a la cara con la linterna de mi cabeza y apagarla y encenderla hasta la extenuación. Por supuesto, rechaza mi propuesta. Ni siquiera me da su nombre. Creo que ha tomado esa decisión antes de mi ataque con la linterna, algo que le deshonra.

Luis José Grifols, ufólogo

Pero da lo mismo. Grifols ya está aquí, a punto de darse un baño de multitudes. De unas setenta personas, más o menos. Todas ellas agrupadas en una pendiente cuyo punto álgido lo ocupa Grifols, el centro de atención. Apago la luz. Lo único que distingo es una serie de siluetas escalonadas. Tengo los pies congelados. Me aparto ligeramente de la multitud hasta encontrarme con uno de mis amigos, que está algo aislado intentando abstraerse de todo esto. Me dice: “¿Has visto la cara con la que te ha mirado el tío de Hercólubus? Creo que te quería matar”. Por si acaso, nos apartamos un poquito más del grupo, no sea que el hombre tenga un machete a mano y se le vaya la pinza conmigo. Grifols nos regala una tesis doctoral sobre “los de arriba”, pero no le estoy escuchando. “Hablando con ese tío me he dado cuenta de que sé muchas cosas acerca de chorradas”, le digo a mi amigo. Él asiente con la cabeza. Y ambos nos quedamos atónitos mirando ese conjunto de siluetas casi inmóviles hasta que Grifols termina su ponencia.

Tengo en mente la palabra “alienación”, muy manida en el marxismo. Uno se puede alienar de muchas cosas: del proceso productivo, del producto del propio trabajo o del ser humano. Pero nosotros, los allí reunidos, somos la vanguardia de la enajenación. Vamos mucho más allá de lo que dictan Marx y sus seguidores. Desde el Miguel bis hasta el charlatán hercolubiano, pasando por Grifols, Sando y mis amigos; nosotros, todos nosotros, sufrimos un nuevo tipo de alienación: la ecuménica. Porque la mayoría no hemos visto nunca ningún OVNI, pero aun así nos excluimos un ratito de la Tierra y ocupamos un espacio de fama mística para tener algún contacto, por lo menos visual, con alienígenas; y es por eso que, felizmente, solo tenemos encuentros en la tercera fase entre nosotros: personas bípedas decorosamente alienadas.
 


1 Ser electromagnético que ejerce algo así como de mensajero interdimensional. Sea quien sea, escribe en esta página: http://www.escuelakryon.com/
2 Planeta ficticio creado, probablemente, por un abogado brasileño llamado Hercilio Maes. Según los agoreros del pasado milenio, tendría que haber colisionado con la Tierra el 11 de agosto de 1999. Fallaron. Luego, los apocalípticos de este milenio dijeron que nos destruiría el 21 de diciembre de 2012. También fallaron. A la tercera va la vencida, espero.
3 Planeta hipotético del que se teorizó mucho a principios del siglo XX debido a las irregularidades de la órbita neptuniana. Se creía que un cuerpo celeste de gran masa era el causante de esta anomalía, hasta que se descubrió Plutón. Pero no, Plutón no es el Planeta X, porque se pensaba en otra cosa.

 

Sobre el autor
Devoto de Dios y su Triple Personalidad, participó en las cruzadas como cheerleader oficial del Vaticano, dirigiendo coreografías que combinaban música dance, linchamientos reales a herejes y barbitúricos. Joven y casto, está senil.
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