Entrevistamos a la narradora Claudia Michel (Potosí, Bolivia, 1980) a propósito de su libro de cuentos Chubascos aislados (Ed. Mantis, 2022), una ingeniosa red de ecosistemas narrativos y matices estéticos a partir de la presencia cotidiana del agua en la naturaleza. Michel nos habla también del panorama actual de la literatura de Bolivia y de sus nuevos proyectos creativos en este 2023. La autora anteriormente ha publicado con la editorial Yerba Mala Cartonera los títulos de narrativa breve Corema (2021) y Juego de ensarte (2008), así como la obra teatral Paralelo 23º (2018).
El título de tu colección de relatos, Chubascos aislados, otorga especial relevancia al agua. ¿Qué te llevó a inundar estas páginas de tanta agua?
Yo quería escribir sobre la montaña. Todavía quiero, pero ese interés y el andar mucho en bicicleta me hizo observar con más detenimiento la geografía de donde vivo, que es un valle subandino. Caí en cuenta que había vivido en este paisaje toda mi vida, siempre viendo a las montañas, y uno de los elementos claves de las montañas es el agua, la lluvia, las torrenteras, los aluviones. Quiero suponer que, así más o menos, comenzó el asunto.
No fue una elección consciente, la verdad. Ya tenía varios cuentos escritos cuando llegó la propuesta de Mantis para publicar, así que no podría decir que el tema estaba antes establecido.
Luego, a medida que fui avanzando en la escritura me di cuenta de que, de una u otra forma, los cuentos compartían el elemento del agua. Entonces, casi terminando los últimos textos, vi muy claro que era el tema del libro. Al escribir un par de textos, tuve muy presente este hilo conductor, pero fue más bien hacia el final del proceso creativo.
Tal vez solo fue una feliz coincidencia, no lo sé. Me resulta interesante la forma natural en que surgió, y los muchos matices y relevancias que se le puede dar a la presencia del agua a la hora de escribir.
El libro recopila diecinueve cuentos que se caracterizan por su brevedad y por tu capacidad por condensar mundos. ¿De dónde surge tu interés por el formato breve?
Creo que fue una consecuencia de tener poco tiempo y muchas ganas. Una suerte de impulso por condensar momentos muy intensos en pocas palabras. Me parece que era una forma que encontré para procurar escribir historias breves de gran potencia.
Al principio esta decisión me angustió un poco. Me parecía impopular, lejos de las cosas que yo amo leer, pero luego encontré varios libros que tenían esta impronta de brevedad y eso me alentó a seguir por ese camino.
Resulta estimulante y seductor adentrarse en una forma particular de hacer y explorarla con sus riesgos y posibilidades.
Los narradores se van sucediendo y se van mutando. Algunos son capaces de anticipar el futuro de los personajes, otros les sigue en el instante presente, otros recuerdan un pasado que fue… ¿Cómo fue el proceso de escritura y de recopilación de este libro?
Me dediqué durante mucho tiempo a coleccionar imágenes de cosas que veía todos los días. Pequeños gestos de las personas: alguien que se muerde el labio, un pie inquieto que se bate bajo la mesa, ese tipo de cosas. También la sensación que alguien deja al salir de una habitación, la impresión que dan las calles temprano en la mañana. Todas estas cosas las fui anotando, como si les sacara una foto.
Luego volví a ellas para escribir y, en la mayoría de los casos, logré encontrar en esas pequeñas capturas la potencia para completar una historia. Algunas las uní con otros temas que me interesaban, asociándolas a significados que pudieran dar a situaciones humanas que parecerían simples, dándoles más consistencia sin aumentar palabras.
La brevedad también fue clave para buscar un efecto mayor. Eso me llevó mucho tiempo, tuve que reestructurar oraciones, quitar todo lo accesorio y procurar que quedara lo más potente.
Así, de a poco, se fue armando el libro.
Los relatos recrean escenas cotidianas, fácilmente reconocibles, con personajes que parecen vivir al borde del abismo…
Sí, creo que es en las cosas pequeñas de la vida cotidiana donde se puede contener mundos. Y donde finalmente se aloja la intensidad de la existencia.
Por supuesto, esta intensidad tiene que ver con el germen de situaciones límite, las que hacen cimbrar la existencia y provocan una sacudida interior, que muchas veces resulta invisible.
Cada día, cada hora, en las acciones de segundos, estamos apilando ladrillos del muro que se nos caerá encima.
En esta cotidianidad se va infiltrando una suerte de violencia silenciosa que muchas veces provoca giros inesperados en la trama. Al fin y al cabo, ¿estos chubascos no están tan aislados?
Si bien los personajes y las historias son distintos, yo quería que hubiese algo soterrado en las historias, algo que se acciona fuera de las palabras. La idea era que estas hiciesen un entramado, pero solo quien esté dispuesto a ver a través de él pueda también vislumbrar las historias más allá de lo dicho.
El poder de sugerencia y de ambigüedad de las palabras es un camino que pienso apenas he comenzado a recorrer, y por el cual me gustaría ir mucho, mucho más lejos.
De otro lado, ¿cómo observas el panorama actual de la literatura de Bolivia?
Contra todo pronóstico es un panorama bueno y bastante saludable, aunque, sí, todavía muy chico.
Por un lado tenemos a escritoras y escritores con buenos trabajos, editoriales nuevas pujantes, con iniciativas interesantes y arriesgadas, algunos concursos literarios y un grupo creciente de lectores. Pero por el otro lado, están también la realidad de los bajos niveles de lectura y el nulo fomento a la creación literaria. Sin embargo, y para ver el vaso medio lleno, creo que pueden surgir propuestas cada vez más interesantes.
Un tema crucial para el crecimiento de la literatura nacional ha sido la exportación/ importación de escritores/as bolivianos/as. Importación porque el reconocimiento a su trabajo escritural se ha dado en Bolivia solo en la medida en que se han ido a estudiar fuera del país, y al tener cierto reconocimiento en el extranjero. Entonces (y muchas veces sin leerlos) se los reconoce en Bolivia.
Y exportados en la medida en que estas personas han logrado galardones literarios que han puesto a Bolivia como una curiosidad editorial en el mapa latinoamericano, y eso, para el grueso de quienes escribimos y no vamos a estudiar nunca en el extranjero, resulta beneficioso en algún punto.
Así que, en general: vaso lleno.
Y para finalizar, ¿qué proyectos tienes ahora entre manos?
Tengo algunos proyectos dispersos, pero felices. Un corto de stop motion para el que escribí el guión y que saldrá este 2023, y una novela corta que estimo me tomará varios meses todavía.