Pliego Suelto dialoga con la escritora, traductora y poeta Pilar Adón (Madrid, 1971) a propósito de su última novela: De bestias y aves (Galaxia Gutenberg, 2022), donde la protagonista descubre un lugar desconocido, rural y habitado exclusivamente por enigmáticas mujeres, que adoptan unas normas, pautas y restricciones a las que se someten de manera voluntaria. Pilar Adón ha publicado el cuento ilustrado Eterno amor (Páginas de Espuma, 2021); las novelas La vida sumergida y Las efímeras (Galaxia G., 2017 y 2015); y las colecciones de relatos El mes más cruel (Impedimenta, 2010) y Viajes inocentes (P. de Espuma, 2005).
[Leer un fragmento De bestias y aves]
En De bestias y aves se advierte, ya desde el título, una relación con la naturaleza que, a su vez, conecta con otros textos tuyos. ¿Qué te lleva a seguir indagando en este tema?
La naturaleza constituye una parte esencial de lo que escribo. Siempre ha sido así, y podríamos decir que en las obras en prosa la naturaleza es un personaje más.
No se trata de un simple fondo o de un espacio útil en el que situar a los demás personajes: su presencia tiene un porqué, y es esencial como elemento generador de inquietud o de calma. De recelo o de equilibrio.
Voy comprobando, además, que se trata siempre de la misma naturaleza. Un espacio narrativo que empieza a convertirse para mí en un sitio mítico.
El argumento parte de un extravío fortuito por la carretera que conduce a una casa llamada Betania. ¿Mantiene alguna relación con la Betania bíblica?
El nombre de la casa estuvo presente desde el principio. Desde mi punto de vista, no podía llamarse de otra manera. Me gusta cómo suena la palabra, y me gusta la tradición que lleva asociada como lugar bíblico en el que resucita Lázaro.
En De bestias y aves se produce cierta resurrección figurada de uno de los personajes, y me parecía lógico que el lugar se llamara así.
Más tarde, con la novela ya publicada, he ido descubriendo otras vinculaciones bíblicas del nombre que yo desconocía, o que no sabía que sabía, y que están muy relacionadas con el agua, un elemento importante en la novela.
La casa se sitúa en un lugar aislado donde convive una comunidad de mujeres que sigue toda una serie de rutinas y rituales. ¿De qué manera se fue fraguando esta comunidad de mujeres?
Es una imagen que tira de mí. Me resulta muy motivadora como soporte narrativo: un grupo de personas que en principio comparten propósitos comunes, y que se reúnen para ponerlos en práctica. Que viven en un mismo lugar, llevan las mismas ropas a veces, siguen los mismos horarios, y se dan a sí mismas unas normas, unas pautas y unas restricciones a las que se someten de manera voluntaria, resistiéndose a lo que quede fuera de su propia órbita de intereses generados por ellas mismas.
Llevo ya un tiempo escribiendo sobre este tipo de comunidades. Lo hice en Las efímeras, también en Eterno amor y en varios relatos. En De bestias y aves, la comunidad de mujeres a la que llega la protagonista de manera involuntaria hará que esta descubra qué es lo que busca y por qué ha huido de su casa.
Si bien cada mujer tiene su función en la casa, la armonía no parece inquebrantable, todo lo contrario. Todo parece encerrar una bomba de relojería a punto de estallar en cualquier momento…
La armonía no es un elemento que necesariamente tenga que formar parte del día a día de las comunidades, sean de la clase que sean.
Casi todos los intentos de mantener una comunidad de este tipo suelen terminar mal precisamente porque las relaciones entre sus miembros van dejando atrás las cortesías y los miramientos iniciales, para caer en lo contrario de la armonía: el conflicto.
Cuando Coro, la protagonista de la novela, llega a esta comunidad de Betania, las mujeres que la forman parecen estar esperándola, embarcadas en un propósito común que las une: el de que Coro se quede con ellas. Este escenario hace que la realidad de la protagonista resulte más angustiosa aún.
A pesar de explicitar constantemente su deseo, Coro es incapaz de marcharse. ¿Qué es lo que incapacita a la protagonista para salir de ese entorno?
Coro inicia la novela agotada mentalmente. Es una mujer obsesionada con su trabajo, muy perfeccionista, acostumbrada a mirarlo todo muy de cerca y a creer que tiene el control de lo que hace y de lo que no hace.
Cuando decide salir de su casa y empieza a conducir, quiere liberarse de varios fardos que lleva arrastrando desde hace mucho tiempo, y conseguir cierta libertad. Algo que las mujeres de Betania parecen saber cómo lograr, solo que sus métodos resultan amenazantes e irracionales.
Dado el estado de agotamiento mental en el que se encuentra la protagonista, su manera de actuar no siempre parece acertada. No es capaz de tomar buenas decisiones. Además, hemos de tener en cuenta que es ella sola la que se enfrenta a un grupo ya formado, previamente constituido, y esos enfrentamientos, como sabemos, no son sencillos.
El único personaje masculino es Tobías Mos. Un hombre enigmático que produce un enorme revuelo entre la comunidad. ¿Qué representa él para estas mujeres?
Tobías Mos llega a Betania para decir que la casa es suya y que quiere recuperarla. Coro cree que viene a rescatarla, pero pronto cae en la cuenta de que no todo gira en torno a ella, lo que forma parte también de su aprendizaje y de su transformación en Betania.
Tobías Mos es un intruso para las mujeres de la comunidad, un enemigo del que han de librarse. Para Coro, pasa de ser un posible salvador a no ser nada.
La narración está llena de huecos que permiten al lector participar activamente de la trama, y de los debates que esta encierra. ¿Cómo planteas la escritura de tus textos?
Se trata básicamente de corregir y reescribir una y otra vez. He de tener una primera frase y una noción muy clara de hacia dónde se dirige la historia, cuál es el final.
Lo demás consiste en trabajar y pulir.