Jorge Alderete, o simplemente Dr. Alderete, (Patagonia, Argentina, 1971) es una figura sui géneris y multifacética: ilustrador, gestor cultural, empresario y músico. Pliego Suelto conversa con el artista residente en México a raíz de la publicación de su novela gráfica Olot (Autsaider, 2021), una historieta protagonizada por extraterrestres y llena de crímenes, volcanes y “sexo telepático”, que está ambientada en Olot (Girona). Además, Alderete hace un recorrido por su trayectoria creativa multidisciplinar y nos revela sus proyectos venideros.
Tienes una amplia carrera en el mundo de la ilustración. Sin embargo, no habías publicado un cómic enteramente tuyo hasta ahora. ¿Qué te animó a escribir Olot?
Creo que la novela gráfica era algo pendiente, que empezó a dejar de serlo cuando hice Black is Beltza hace unos años, con Fermín Muguruza y Harkaitz Cano.
Gran parte de mi formación no académica viene de la mano de las historietas. Lamentablemente me toco una época en Latinoamérica sin muchas posibilidades para desarrollarla y encontré un camino en la ilustración.
La idea de poder narrar en imágenes es también parte de mi formación en el mundo de la ilustración. Así que Olot era una consecuencia lógica, que llegaría tarde o temprano.
Primero fue ver la posibilidad de hacer una novela gráfica (eso sucedió con BisB), y el siguiente paso fue escribir una: Olot, donde pudiera volcar más claramente mi universo visual e intereses.
Para los que no lo saben, Olot es una ciudad situada en La Garrotxa, provincia de Girona. En el prólogo escribes que llegas a Olot por una estatua moái. ¿De dónde viene tu interés por la cultura Rapa Nui?
Mi interés por Rapa Nui (La Isla de Pascua) es casi una obsesión de muchos años, que empezó por una cuestión gráfica. Me interesan, en muchos momentos de mi carrera, fenómenos como el que ocurrió con el imaginario visual de esa isla remota en la cultura occidental.
A partir de ese impulso inicial, comencé a investigar a fondo la cultura, arqueología, etnografía, historia, lenguaje y la cosmogonía del lugar. Viajé en varias ocasiones a la isla, publiqué algunos libros al respecto (con investigaciones, bocetos de viaje, memorabilia).
Y, entre toda esa información, llegó a mí en algún momento la historia del Moái (estatua en Rapa Nui) de Olot.
El cómic presenta una mezcla entre realidad y alucinaciones en el contexto de la ciudad catalana. ¿Por qué decidiste intercalar realidad y ficción?
Narrativamente hablando me interesa ese lugar donde la ficción es superada por la realidad.
Sin aclararlo mucho, me gusta pensar que las cosas más irreales o misteriosas que suceden en el relato no son las ficcionadas, sino todo lo contrario. Que en Olot (la novela) suceda todo el tiempo es una consecuencia de lo que extrañamente sucede en Olot (la ciudad): la ficción es superada por la realidad más veces de la que nos gustaría.
De hecho, apuntas que algunos personajes son reales. ¿Cómo entraste en contacto con ellos?
Tenía en mente la historia de ficción (la que transcurre en blanco y negro) hace años, y por alguna u otra razón no terminaba de cobrar forma.
Eso sucedió cuando fui a Olot, y sentí que las cosas que allí habían pasado, las anécdotas de personas reales que allí habían sucedido, le daban el entorno ideal a la historia de ficción.
Más que darle un marco real en donde fuera lógico que la ficción sucediera, le daba un marco tan irreal, que cualquier ficción (por ilógica que fuera) podría ser tomada por cierta.
No lo aclaro nunca, pero en términos generales, hay más de documental que de ficción en el relato. Es ese lugar ambiguo el que me interesa, donde cualquier cosa es posible.
Para esa parte documental, me asesoré primero con gente de Olot. Luego, de la mano de hemerotecas digitales, búsquedas exhaustivas en Internet, libros, guías de viaje…
Nunca hablé de forma directa con los protagonistas, no quería contar sus historias, sino solo fragmentos que sirvieran a mi relato de ficción. Y por supuesto no quería ser irrespetuoso, ni morboso, en relación a sus historias personales.
Tus dibujos yuxtaponen dos estilos cromáticos distintos que coinciden con el uso del diálogo: por un lado, la historia misteriosa en blanco y negro, totalmente muda; y, por otro, la historia basada en hechos reales, en color y con diálogos. ¿Por qué esta elección?
Imagino que se trata de una deformación profesional. En ilustración uso mucho el color para contar algo también. Y acá aplico la misma lógica.
El color es un elemento narrativo más, muchas veces dejado de lado en la novela gráfica. En blanco y negro voy contando la historia del personaje principal, que de manera rutinaria, casi monótona, se va desarrollando a lo largo de todo el libro, y esto es interferido por los pequeños relatos en color, que de todas formas se relacionan con la otra historia. La coincidencia con los diálogos, no es más que eso, una coincidencia.
El personaje que protagoniza la historia en blanco y negro no habla porque no tiene nada que decir, no le interesa interactuar con el resto del mundo más de lo estrictamente necesario. Más allá de su vida rutinaria y misteriosa, al mismo tiempo, no sabemos nada de él, podría ser cualquiera. Transcurren muchos años en la novela, rutinarios, y con poco contacto con el resto de la humanidad. No tiene la necesidad de explicarse, ni de contarnos sus motivaciones. Solo sus acciones son importantes, y dicen mucho.
Después de esta experiencia con Olot, ¿vas a seguir realizando tus propios cómics?
Sí, definitivamente. Me quedó un buen sabor de boca después de terminarla, y estoy muy contento con la edición de Autsaider. Espero pronto ponerme con la siguiente novela.
Por otro lado, formas parte del grupo de fusión Sonido Gallo Negro, activo desde 2010. ¿Cómo surgió esta faceta?
Después de muchos años de trabajar haciendo arte para bandas, fue una consecuencia más o menos lógica. Se trata de un proyecto que nació de manera experimental, musicalmente hablando, y que me permitía experimentar con la parte visual.
Si bien la idea era, en un principio, encargarme de la escenografía de los shows, llevamos eso a otro lugar, transformando lo escenográfico en un acto performático que se va construyendo en vivo, al igual que la música, y que me obligaba de alguna manera a estar en escena. Luego empecé a intercalar lo visual con la ejecución del theremin.
¿Tienes algún otro proyecto entre manos?
El libro anterior a Olot, publicado en España por Zorro Rojo, se llama El año de la Rata. Se trata de un proyecto colaborativo, donde el objeto libro lo desarrollamos con Mariana Enríquez, que escribió los textos a partir de las imágenes que yo realicé previamente.
Actualmente, estamos trabajando con otra de las colaboradoras del proyecto, la bailarina Dalel Bacre, en la obra coreográfica que llevará el mismo nombre. Esperamos poder empezar con presentaciones hacia fin de año.
También acabo de publicar un libro de fotografías, Ritual, con la editorial Vestalia de México y textos de Bernardo Esquinca.
Y retomando todo lo de Sonido Gallo Negro, que si bien aprovechamos para grabar el nuevo disco, Paganismo, estuvimos poco activos con shows, debido a la pandemia.