Noche de los enamorados
Félix Romeo
Mondadori, Barcelona, 2012
144 págs. | 12,90 euros
El punto de partida de Noche de los enamorados, novela póstuma de Félix Romeo (1968-2011), es un asesinato de los que casi cada día leemos en los periódicos: María Isabel Montesinos Torroba, de 41 años, yace muerta en el suelo del salón-comedor de su casa, estrangulada.
Pese a este inicio con cadáver, casi tópico, Noche de los enamorados no es una novela policíaca. El asesino de María Isabel es su marido, Santiago Dulong, que para los forenses no la estranguló sino que “ejerció una mínima presión” sobre su tráquea, que cedió “dada la elevada tasa de alcohol que tenía en la sangre”. La culpa de la muerte de “la interfecta” (sic) no es de Santiago, sino del alcohol que consumía, con los agravantes de su condición de prostituta y de su infidelidad. Como al “extranjero” asesino de Camus, a María Isabel se la juzgará por lo que es, pero hay una diferencia: ella ha pasado de víctima a culpable como por arte de magia.
Félix Romeo pasó año y medio en la prisión de Torrero por insumisión. Allí conoció al asesino, Santiago Dulong, que le relató los hechos de primera mano. El autor emprendió entonces la investigación del crimen, no para esclarecerlo, sino quizá para comprenderlo, para reflejar su perplejidad ante la injusticia impune, la misma que encontramos, por ejemplo, en novelas como Amuleto, de Roberto Bolaño, con la que comparte una estructura narrativa en espiral ascendente: Romeo vuelve una y otra vez al momento del crimen, detallando cada vez más las circunstancias y sus consecuencias.
En cada una de estas iteraciones, que causan un efecto hipnótico, se va ampliando la perspectiva sobre el crimen y el lector va comprendiendo que, lejos de ser obsesiva, la búsqueda de Romeo es meticulosa, tan meticulosa como debería haber sido la investigación del crimen por parte de policías, forenses y jueces. Romeo recupera a María Isabel Montesinos Torroba y denuncia, sin hacerlo, no sólo su asesinato, sino también la indiferencia de todos ante tantos crímenes anónimos, ante tantos hogares convertidos en infiernos de andar por casa.
Noche de los enamorados es un libro sincero, visceral, sutil como una piedra. Y -recalcamos- no es, para nada, una novela policíaca. El propio autor se encarga de explicarnos qué es la novela y, sobre todo, qué no es:
Esto no es un juicio, porque no se puede juzgar a los muertos, y Santiago Dulong murió hace diez años. No es la defensa imposible de una víctima, porque no se pueden reparar las ofensas a los muertos. Ni es un ensayo sobre la justicia. Sólo escribo sobre las palabras: sobre lo que apareció en los periódicos, sobre lo que reflejó la sentencia, sobre documentos legales de libre acceso, y sobre los recuerdos de las palabras que guardo de Santiago Dulong, nublados por el tiempo y el mal olor.