Romain Thiery (Bergerac, Francia, 1988) es fotógrafo urbano y especialista en edificios abandonados. La sensación de olvido, silencio y vacío es un verdadero estímulo para captar parte de los recuerdos y la vida pasada de estos lugares en diálogo con el presente. Después de participar en numerosas exposiciones, está a punto de publicarse la segunda edición de Chambres de Mémoires (Pixalib, 2015), su primer libro, que recoge una colección de instantáneas que realizó durante sus viajes por distintos rincones de Europa. Pliego Suelto estuvo en Montpellier y dialogó con Thiery en torno a su obra, al mundo de la fotografía, al discurso estético y la exploración urbana.
Después de varias exposiciones y diferentes premios, acabas de publicar tu primer libro, Chambres de mémoires (Habitaciones de las memorias), ¿cómo llegaste hasta la fotografía?
Después de un cambio drástico en mi vida, tomé la decisión de viajar y, junto al viaje, se desarrolló mi afición por la fotografía. Asia fue mi escuela: la luz, los colores, la arquitectura… Tenía ganas de captar esta atmósfera mediante mi cámara.
Desde 2009 el viaje sigue. Exploro diferentes países con una mirada enfocada en lo que denomino las “habitaciones de las memorias”, en los que el abandono, el olvido y la exploración de lo insólito se convierten en mi fascinación.
Antes de Chambres de mémoires, varias de tus fotografías fueron escogidas para cubiertas de libros. ¿Cómo fue esta experiencia?
Surgió el año pasado en una exposición durante la cual una editorial mostró interés por mis fotografías. La verdad es que, en un primer momento, no era un medio en el que pensara para hacer llegar mi trabajo al público, pero resulta que escogieron dos de ellas para ilustrar la cubierta de la novela La nuit des éphèméres (Edicions Chèvre feuille étoilée, 2015) de Christine Detrez. Una experiencia personalmente muy enriquecedora, y algo surrealista, porque las imágenes seleccionadas tenían relación directa con dos fragmentos concretos del libro.
¿Hasta qué punto difieren la preparación de una exposición y la publicación de un libro de fotos?
Son dos actividades totalmente diferentes. Por un lado, no es sencillo proponer un catálogo que recoja toda una gama de creaciones y refleje todo mi trabajo. Una de las primeras cosas que tienes que llevar a cabo durante el proceso de creación de un libro, antes de nada, es seleccionar las imágenes que van a configurar la obra, una muestra de mi propio yo, en estos lugares, que permitirá al lector sumergirse en el universo mágico de la intimidad olvidada. ¿Cómo se van a ver en el libro? ¿Qué disposición tomarán? ¿Cuál es el diseño más adecuado para la inmersión del lector? ¿Hay que poner leyendas y textos o hay que dejar espacio a ese lector para que rellene los huecos?
Por otro lado, la exposición recoge una parte muy pequeña del trabajo. Tengo que escoger las fotos que van a llamar la atención del observador. Lo percibo, de alguna manera, como un guiño al mundo de la exploración urbana. Las fotos se convierten en flechazos que impregnan todo el ambiente. Por eso, suelo presentar fotos en gran formato para que la inmersión sea más efectiva y, así, conseguir que el espectador adopte mi posición, que sienta el lugar tal y como yo lo sentí y lo capté para la ocasión. Es una manera de desnudarme, de afrontar la mirada de la gente, sus críticas, positivas o negativas. La exposición me permite tener un intercambio físico real.
Volviendo a tu libro, el tema central es la memoria. ¿Qué te atrae en especial de este tema?
La memoria nos ofrece una historia que contar, nuestra historia, un recuerdo inconsciente, pero latente. Con estos recuerdos busco presentarlos, darles una nueva forma, revelarlos mediante la imagen. Quiero partir en búsqueda de estos pedazos de vida que la gente cree muertos y capturar estos lugares insólitos con la cámara para devolver parte de su vida a estas memorias olvidadas.
De hecho, en la introducción, hablas de la sensación de estar fuera del tiempo. ¿Qué aspectos te interesan de los lugares abandonados?
Me gusta especialmente el ambiente que se desprende de ellos. La estética del lugar también es una parte importante. He descubierto verdaderas maravillas de las que hoy en día sigo soñando, lugares llenos de historias, de cambios.
Para mí, son lugares fuera del tiempo, porque es como si estuvieran en suspensión, mientras asisto en primera fila al espectáculo del pasado. Durante la sesión fotográfica, busco fijar una nueva memoria antes de que todo desaparezca, antes de que caiga en el olvido, convirtiendo la foto en una huella, que encierra parte de la intimidad de la gente que habitaba allí.
A menudo paso un día entero en estos lugares, por su gran tamaño, pero también porque necesito adaptarme a su presente para realizar una inmersión completa en estas intimidades reveladas. Una vez fuera, los lugares se me quedan impregnados, es una sensación extraña, como si hubiera hecho un viaje en el que me siento libre.
Me ha llamado la atención el uso del plural en el título. ¿Evoca nuestras miradas, que fecundan múltiples interpretaciones?
Hablar de memoria, en singular, sería limitar su significado, porque querría decir que solo existe una sola y única. En cambio, el uso del plural está en correlación con la visión externa del espectador y de las diferentes historias intrínsecas que perviven en los lugares.
Me gustaba la idea de diferenciar las miradas: el contraste entre nuestra visión, que busca penetrar la intimidad, y una memoria impenetrable, que hace referencia a su propia historia convertida en recuerdos.
Se trata, pues, de captar un instante que se convierte por sí mismo en memoria. Es decir, partes en búsqueda del pasado viviéndolo en presente. ¿Cómo interpretas este diálogo de tiempos?
Mi trabajo consiste en abrir la posibilidad de proyectarse a través de la propia imaginación y de crear historias personales. Trato de reflejar el pasado en el presente, a sabiendas de que solo soy un testigo temporal.
El pasado se conserva íntegramente, pero solo surge de la acción fotográfica. La idea del renacimiento me parece interesante porque tengo la sensación de hacer resurgir el pasado. La mayoría de estos edificios son las presas de nuestro tiempo cronológico. Solo la degradación les hará desaparecer. De hecho, siempre me mantengo informado del estado de los lugares que he visitado, algunos ahora solo existen en mis fotos y otros se encuentran en fase de remodelación.
En este diálogo temporal, ¿dónde se sitúa el lector y espectador de tus creaciones?
Le doy especial importancia al ángulo de la foto. El gran angular me permite fotografiar el ambiente general y sumergirme, pero también al espectador, en esta mezcla de muerte (abandono, silencio, vacío) y vida (recuerdos, historias). De la luz a la sombra. Incluso si los lugares no son nuestros, el espectador está sumergido en la nostalgia, en el eterno cuestionamiento, cuya curiosidad jamás podrá ser totalmente saciada.
Quiero ofrecer al lector una visión universal de la diversidad, como un trozo de cortina que apenas deja entrever un halo de luz a su espectador, tranquilamente sentado en su butaca. Llevarlo en estas “habitaciones de las memorias” hacia un mundo invisible donde el lector se convierte en verdadero observador y vive, durante un corto lapso de tiempo, estos edificios olvidados.
Has recorrido ya algunos países en busca de estas instantáneas. ¿Cuáles son tus próximos destinos?
Efectivamente, he recorrido algunos países de Europa. Justo acabo de volver de un viaje a Italia de donde me he traído nuevas imágenes. Siempre estoy en búsqueda de nuevos destinos, es como una droga porque siempre buscas más y más… Ahora estoy centrado en joyas abandonadas de Bélgica y del norte de Francia.
Para acabar, ¿qué proyectos tienes a la vista?
Después de una calurosa acogida, la segunda edición del libro, con nuevas imágenes, está a punto de publicarse. Además, he estado preparando una nueva exposición que se ha inaugurado recientemente en Montpellier. También estoy, junto a varios artistas, en un gran proyecto impulsado por el ayuntamiento de mi pueblo natal, que consistirá en una exposición gigante al aire libre, pero tardará algunos años antes de poder verse. Mientras tanto, otros proyectos más personales se dibujan poco a poco, de los que solo se puede decir que configuran nuevos viajes dentro del mundo de la exploración urbana.